El panorama de las compras estatales acaba de sufrir un vuelco total que ha dejado a más de uno con la boca abierta. El pasado jueves 8 de enero de 2026, se oficializó en el diario oficial la promulgación del Decreto Supremo 001-2026-EF, una norma que no ha tardado en encender las alarmas en el sector empresarial y político. Este dispositivo legal no es poca cosa: viene a modificar quirúrgicamente el reglamento de la Ley 32069, Ley General de Contrataciones Públicas, el cual apenas había sido aprobado en 2025 mediante el Decreto Supremo 009-2025-EF. ¿Por qué tanta prisa en cambiar las reglas de juego?
La aprobación de este decreto se dio bajo el argumento de optimizar la eficiencia y la interoperatividad en la cadena de abastecimiento público, pero el trasfondo jurídico revela un control mucho más estricto sobre los miles de millones de soles que el Estado gasta cada año. Entre lo que aprobaron con carácter de urgencia, destaca una reestructuración profunda en la forma en que los organismos públicos deben programar y ejecutar sus adquisiciones, obligándolos a alinearse a un enfoque de gestión por resultados que promete no dejar pasar ni un error administrativo.
Para que entiendas la magnitud de este golpe legal, es necesario desglosar algunas definiciones que mencionaron y que ahora son ley. Primero, el Sistema Nacional de Abastecimiento se reafirma como el eje articulador que comprende desde la programación multianual de bienes hasta la administración misma de lo comprado. También se ha puesto énfasis en la gestión de adquisiciones, definida ahora bajo parámetros de contratación oportuna, donde la eficiencia no es una opción sino una obligación legal.
Lo más impactante es que la norma no solo se queda en papeles, sino que afecta directamente a los proveedores y funcionarios. Se ha establecido que la gestión de adquisiciones debe garantizar la transparencia y la sostenibilidad social y ambiental, términos jurídicos que ahora funcionarán como filtros implacables para decidir quién se lleva los contratos y quién queda fuera. Con la fecha de promulgación y publicación ya sentenciada este enero, el Estado ha dejado claro que el control sobre el dinero de todos ha entrado en una fase de vigilancia extrema y reformas constantes que nadie puede ignorar.



