
LIMA, 9 DE ENERO DE 2026 – Mientras el Congreso de la República debate un presupuesto que para este año superará los S/ 1,375 millones (y que treparía a los S/ 1,768 millones con la bicameralidad), un análisis de las cifras revela una realidad impactante: el costo de mantener el aparato legislativo por tan solo doce meses equivale a cerrar brechas críticas en salud, educación y seguridad que afectan a millones de peruanos.
Salud: Hospitales en lugar de planillas
Con el presupuesto que el Congreso consume en un año, el Estado peruano podría financiar la construcción de 6 a 7 hospitales regionales totalmente equipados.
- Mientras el nuevo Hospital de Otuzco (La Libertad) requiere una inversión de S/ 150 millones para beneficiar a 100 mil personas, el gasto anual del Parlamento permitiría replicar este proyecto siete veces en las regiones más necesitadas del país.
Seguridad: Una policía equipada
En plena crisis de seguridad ciudadana, las comparaciones son inevitables. El costo de un patrullero moderno y equipado ronda los S/ 181,500.
- Si se destinara el presupuesto anual del Congreso a la seguridad, se podrían adquirir más de 7,500 patrulleros, lo que permitiría renovar casi la totalidad de la flota vehicular de la Policía Nacional a nivel nacional en un solo año.
- Además, el gasto legislativo equivale a la construcción y equipamiento de 120 comisarías modernas, fundamentales para combatir el crimen organizado.
Educación: El futuro en juego
Bajo el modelo de las «Escuelas Bicentenario», el costo de un colegio de alta tecnología y capacidad es de aproximadamente S/ 80 millones.
- El presupuesto del Congreso de este año equivale a 17 colegios de última generación. Esto significa que cada año que el Parlamento gasta sus recursos actuales, el país deja de entregar infraestructura educativa de primer nivel para más de 25,000 estudiantes.
«No se trata solo de cuánto gastan, sino de qué estamos dejando de recibir a cambio», señalan expertos en gestión pública. Mientras el gasto en el Palacio Legislativo se concentra en un 71% en planillas y bonos, la inversión en infraestructura social sigue estancada por falta de fondos.
Con el retorno a la bicameralidad en 2026, se estima que el presupuesto se elevará aún más, incrementando el «costo de oportunidad» para un país que aún clama por servicios básicos eficientes.

S/ 1,768 millones de «privilegios»: El Congreso se convierte en el barril sin fondo que asfixia el presupuesto social
Mientras las listas de espera en los hospitales públicos se extienden por meses y miles de niños estudian en escuelas declaradas en emergencia, el Congreso de la República ha oficializado lo que muchos consideran un insulto a la realidad nacional: un presupuesto récord de S/ 1,768 millones para el 2026.
Esta cifra, que representa un incremento de S/ 356 millones respecto al año anterior, se justifica bajo la «necesidad» de implementar la bicameralidad. Sin embargo, el análisis de los datos revela que el 71% de este botín estatal se destinará exclusivamente a pagar planillas y bonos de una burocracia que ya supera los 3,600 empleados.
El festín de los bonos vs. la miseria en las calles
La crítica no solo apunta al monto global, sino al cinismo de los beneficios. Mientras un ciudadano promedio debe sobrevivir con un salario mínimo estancado, cada parlamentario asegura para sí mismo:
- Bonos de fin de año de S/ 46,900, superando con creces lo que un trabajador peruano gana en tres años de labor.
- Sueldos y asignaciones que, sumados, superan los S/ 35,000 mensuales por legislador.
- S/ 180 millones destinados únicamente a remodelar edificios y oficinas de lujo para los futuros 190 parlamentarios (senadores y diputados).
Lo que el Perú pierde cada año
El «costo de oportunidad» de mantener este aparato es devastador. Con lo que el Congreso gasta en un solo año, el país podría haber borrado del mapa las carencias sociales anteriormente detalladas.
El retorno a las dos cámaras, lejos de prometer mejores leyes, parece haber servido de pretexto para duplicar el presupuesto institucional en menos de un quinquenio. Mientras el Palacio Legislativo se expande y se remodela con mármol y alfombras nuevas, el resto del Perú observa cómo sus impuestos se esfuman en una institución que ostenta los niveles más bajos de aprobación en la historia reciente.


